Muchas de las afecciones que la gente padece a partir de una determinada edad (problemas óseos, respiratorios, metabólicos, alergias, dolores de cabeza, etc.) se deben a trastornos nutricionales ocurridos durante años. La ciencia ha descubierto que la falta de algunos nutrientes y, en consecuencia, la mala alimentación, puede generar enfermedades que tienden a hacerse crónicas disminuyendo la calidad de vida.

Hasta hace poco no se conocía la causa ni su tratamiento, pero hoy se sabe que con el consumo de un ácido graso esencial de tipo Omega 3, presente en altas dosis en el pescado, es posible disminuir en los tejidos del ser humano el Omega 6 que provoca la inflamación, disminuyendo el padecimiento de estas patologías.

A menudo se piensa que el EPA y el DHA tienen idénticos beneficios en la prevención de enfermedades, pero existe una serie de estudios que muestran muchas diferencias entre estos dos ácidos grasos tan similares.

Ambos son necesarios para prevenir enfermedades degenerativas:

  • El EPA y el DHA son componentes esenciales de la estructura de la pared celular.
  • El DHA es el ácido graso más abundante en el cerebro y la retina, por lo que es necesario para el buen desarrollo del cerebro, el sistema central y los ojos.
  • El EPA contribuye al buen funcionamiento de los sistemas inmunitario, reproductor, respiratorio y circulatorio.

1.- ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

  • REDUCCIÓN DE TRIGLICÉRIDOS: aunque en general, tanto el EPA como el DHA ayudan a reducir los triglicéridos, se ha comprobado que en este caso el DHA es levemente más favorable que el EPA.
  • COLESTEROL: en este caso, son los aceites ricos en DHA, los que muestran mejoras más consistentes en el aumento del tamaño de partículas HDL, el llamado “colesterol bueno”.
  • HIPERTENSIÓN: los ácidos grasos Omega 3 han demostrado modestas mejoras de la presión y la función endotelial, particularmente en pacientes hipertensos. Estudios en animales y humanos han demostrado que, aunque los ácidos grasos EPA y DHA, mejoran la presión y función endotelial, el DHA ha tenido un impacto más significativo en la reducción de la presión arterial tanto sistólica como diastólica y una mayor mejora en la función endotelial en estos pacientes.
  • FRECUENCIA CARDÍACA: se han hecho estudios comparativos entre el EPA y el DHA para demostrar su capacidad para afectar al ritmo cardíaco. En estos estudios el DHA ha mostrado una ligera superioridad en la reducción del ritmo cardíaco en hombres con sobrepeso.
  • AGREGACIÓN PLAQUETARIA Y EFECTOS ANTITROMBÓTICOS: actualmente no se han encontrado diferencias entre los efectos del EPA y el DHA.

Aunque ambos ácidos grasos son beneficiosos y recomendables para la prevención y el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, en general se han obtenido mayores beneficios de productos con un contenido superior en DHA frente al EPA.

2.- INFLAMACIÓN

Tanto el EPA como el DHA tienen importantes efectos antiinflamatorios. Hasta el momento no se han encontrado diferencias en la fluencia del EPA y el DHA en procesos inflamatorios.

3.- TRASTORNOS MENTALES

Los ácidos grasos Omega 3 son componentes importantes de las membranas de las células nerviosas, ayudándolas a comunicarse entre sí, lo cual es un paso esencial para mantener una buena salud mental.
Más concretamente el DHA está implicado en varios procesos de las células nerviosas.

4.- TRASTORNOS OCULARES

Algunos trastornos oculares son: la degeneración macular relacionada con la edad, la retinitis pigmentaria o las cataratas.
La retina es el tejido del cuerpo que tiene el contenido más elevado de DHA, el cual es crucial para su formación en el feto y en los niños. Numerosos estudios demuestran que los que han recibido niveles adecuados de DHA tienen una mayor agudeza visual y procesan mejor las imágenes.

Dado que los fotoreceptores se renuevan cada día, se recomienda la suplementación con DHA también en la edad adulta.
Además, se ha investigado que los sujetos afectados de retinitis pigmentaria no pueden convertir el ácido linoleico en DHA (HOFFMAN), por lo que se recomienda su suplementación.

5.- TRASTORNOS COGNITIVOS/DEMENCIA

Aunque es necesaria la realización de un mayor número de estudios, algunos investigadores han destacado que pacientes con demencia o alzheimer presentaban niveles más bajos de DHA en el cerebro.

6.- GESTACIÓN, LACTANCIA E INFANCIA

Las concentraciones más altas de DHA se encuentran en el sistema nervioso central y en el cerebro. El 60% del cerebro es grasa estructural, de la cual el 25 % es DHA.

La OMS (Organización Mundial de la Salud), la Fundación Británica de Nutrición (BNF) y la Sociedad Pediátrica de Gastroenterología y Nutrición Europea (ESPGHAN) recomiendan que las fórmulas para neonatos estén enriquecidas con DHA, para asegurar un correcto desarrollo del cerebro.

El rápido crecimiento del cerebro se produce durante el último trimestre del embarazo y los primeros meses después del nacimiento. La necesidad materna de DHA es fundamental durante estos meses, puesto que el metabolismo de ácidos grasos del feto y del recién nacido es insuficiente para proporcionar los niveles adecuados de DHA para el desarrollo del cerebro.